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Universidad CEU Cardenal Herrera: biomarcadores, bienestar animal y nuevas herramientas para entender la salud de los animales

La mejora del bienestar animal y la prevención temprana de problemas sanitarios son algunos de los grandes retos a los que se enfrenta la ganadería actual. Para avanzar en este ámbito, resulta cada vez más importante disponer de herramientas objetivas que permitan conocer el estado fisiológico de los animales y anticiparse a posibles situaciones de estrés o enfermedad.

Dentro del proyecto BIOTEGANIA, la Universidad CEU Cardenal Herrera trabaja en el análisis de biomarcadores metabólicos, inmunológicos y de estrés en aves y porcino, generando conocimiento que ayudará a desarrollar nuevas estrategias para mejorar la salud animal, el bienestar y la bioseguridad en las explotaciones ganaderas.

Hablamos con María Carmen López Mendoza, catedrática de la Facultad de Veterinaria de la Universidad CEU Cardenal Herrera e investigadora participante en BIOTEGANIA.

¿Qué papel desempeña la Universidad CEU Cardenal Herrera dentro de BIOTEGANIA?

Participamos principalmente en dos paquetes de trabajo. En uno de ellos estudiamos biomarcadores metabólicos y de estrés en aves y porcino. Lo que estamos haciendo es generar una base de datos de referencia que permita conocer cómo evolucionan distintos parámetros fisiológicos durante todo el ciclo productivo de los animales.

Analizamos indicadores metabólicos como glucosa, proteínas o el perfil lipídico y estudiamos cómo cambian con la edad. Aunque existen trabajos previos sobre algunos de estos parámetros, todavía hay muy poca información longitudinal, especialmente en aves reproductoras, por lo que estamos generando conocimiento nuevo que puede resultar muy valioso para el sector.

También estáis trabajando con biomarcadores de estrés. ¿Qué aportan frente a los métodos tradicionales?

Tradicionalmente el estrés animal se ha evaluado mediante observación directa del comportamiento y de las condiciones ambientales. Son herramientas útiles, pero tienen cierto componente subjetivo. Nosotros buscamos medir el estrés de forma objetiva mediante parámetros biológicos.

En porcino, por ejemplo, analizamos cortisol en saliva. Es una metodología poco invasiva porque los animales interactúan de forma natural con cuerdas de algodón colocadas en los corrales. A partir de la saliva que queda en ellas podemos medir distintos biomarcadores sin alterar el comportamiento del animal.

“Las plumas pueden convertirse en una especie de historial biológico del estrés”

Uno de los aspectos más innovadores de vuestra investigación es el análisis de corticosterona en plumas. ¿En qué consiste exactamente?

La corticosterona es la hormona relacionada con la respuesta al estrés en las aves. Lo interesante es que se va acumulando progresivamente en las plumas a medida que estas crecen. Esto nos permite utilizar una pluma como si fuera un registro histórico del estrés que ha experimentado el animal durante un periodo prolongado de tiempo.

Cuando se analiza sangre o saliva obtenemos una fotografía puntual del momento. Sin embargo, la pluma nos ofrece información acumulada. Además, la recogida de muestras es completamente no invasiva, ya que basta con cortar o retirar una pluma sin generar estrés adicional ni alterar los resultados.

¿Por qué resulta especialmente relevante estudiar este parámetro en aves reproductoras?

Porque existe muy poca información científica disponible. Se ha investigado bastante en pollos de engorde o en gallinas ponedoras, pero apenas encontramos estudios que describan cómo evolucionan estos biomarcadores a lo largo de toda la vida de las gallinas reproductoras, que son las responsables de generar los animales destinados posteriormente a la producción de carne o huevos.

Nuestro objetivo es precisamente cubrir ese vacío de conocimiento analizando la evolución de la corticosterona y de otros biomarcadores desde las primeras semanas de vida hasta el final del ciclo productivo.

¿Habéis obtenido ya resultados interesantes?

Sí. Uno de los hallazgos más llamativos es que los niveles más elevados de estrés no aparecen durante el inicio de la puesta, como inicialmente pensábamos, sino en etapas más avanzadas de la vida productiva, cuando las aves llevan tiempo produciendo huevos.

Además, hasta donde conocemos, no existen publicaciones que describan esta evolución de la corticosterona durante todo el ciclo vital de las gallinas reproductoras, por lo que los resultados tienen un importante componente innovador.

“Pensábamos que el máximo estrés aparecería al inicio de la puesta, pero observamos que aumenta cuando las aves llevan más tiempo en producción.”

También participáis en el paquete de trabajo centrado en bacteriófagos. ¿Cuál será vuestra contribución?

Nuestra labor consistirá en evaluar cómo afectan las terapias basadas en bacteriófagos a la salud de los animales. Analizaremos distintos parámetros metabólicos e inmunológicos para estudiar la respuesta fisiológica generada tras la aplicación de estos tratamientos.

Queremos conocer no solo si las terapias son eficaces frente a los patógenos, sino también cómo influyen en el estado general de salud y en la respuesta inmunitaria de los animales. Esa información será clave para validar su utilización en condiciones reales de producción.

“No solo queremos saber si los bacteriófagos funcionan, sino cómo afectan a la salud global de los animales”

¿Trabajáis de forma coordinada con otros socios del proyecto?

Sí. Aunque nuestro trabajo tiene cierta independencia, la colaboración con otros socios es fundamental. Por ejemplo, estamos explorando la posibilidad de relacionar nuestros biomarcadores con los datos ambientales registrados en granja, como temperatura, humedad, concentración de amoníaco u otros parámetros monitorizados por los sistemas digitales desarrollados dentro del proyecto.

La integración de toda esta información permitirá comprender mejor cómo influyen las condiciones ambientales en la salud y el bienestar de los animales.

“Los datos son todavía más valiosos cuando se relacionan con el entorno”

BIOTEGANIA reúne a empresas, centros tecnológicos y universidades. ¿Qué aporta trabajar en un consorcio tan multidisciplinar?

Permite abordar los retos desde perspectivas complementarias. Cada socio aporta conocimientos y capacidades diferentes, lo que facilita que los resultados obtenidos tengan una aplicación práctica mucho más directa.

La colaboración entre investigación, tecnología y sector productivo es fundamental para transformar el conocimiento científico en soluciones reales para las explotaciones ganaderas.

Desde tu experiencia, ¿cómo ha evolucionado el bienestar animal en las últimas décadas?

Existe la percepción de que es una preocupación relativamente reciente, pero la realidad es que la legislación europea lleva muchos años incorporando requisitos específicos relacionados con el bienestar animal. Actualmente existen controles en todas las fases de la producción, desde la granja hasta el transporte y el sacrificio.

Sin duda se ha producido una evolución muy importante. Las prácticas que podían observarse hace varias décadas han sido sustituidas por procedimientos mucho más respetuosos con los animales y sometidos a controles mucho más estrictos. Hoy existe una mayor sensibilidad social y también un mayor conocimiento científico sobre cómo minimizar el sufrimiento animal.

“El bienestar animal lleva décadas formando parte de la producción ganadera”

¿Crees que el consumidor conoce realmente ese esfuerzo realizado por el sector?

Creo que existe interés, pero también bastante desconocimiento. Muchas personas se preocupan por el bienestar animal, pero no siempre conocen la normativa, los controles existentes o el trabajo que realizan investigadores, veterinarios y productores para garantizar unas condiciones adecuadas durante toda la cadena productiva.

Por eso considero que la divulgación científica es tan importante. Cuanta más información rigurosa llegue a la sociedad, más fácil será comprender cómo trabaja actualmente el sector ganadero y cuáles son los avances que se están produciendo para mejorar la salud y el bienestar de los animales.

“Al consumidor le importa el bienestar animal, pero muchas veces no dispone de toda la información necesaria para entender cómo funciona realmente el sector.”

¿Qué te gustaría que aportara BIOTEGANIA al sector cuando finalice el proyecto?

Me gustaría que contribuyera a desarrollar herramientas que permitan comprender mejor la salud y el bienestar de los animales y que ayuden a tomar decisiones más informadas en las granjas.

Si conseguimos avanzar hacia sistemas de producción más eficientes, sostenibles y respetuosos con los animales gracias al uso combinado de biomarcadores, nuevas tecnologías y análisis de datos, habremos alcanzado un objetivo muy importante. Ese es precisamente el tipo de conocimiento que BIOTEGANIA quiere poner al servicio del sector ganadero.